03-08-12
Hace
cinco días que el cielo cuenta con una estrella más…Coincido contigo. Pero se
te olvida decir que esa estrella es la más grande y brillante de todas. La que
hace cinco días ilumina todos los anocheceres, nuestros sueños; la que a lo
lejos cuida de nosotros, de todos y cada uno de nosotros; la que quiere que
sonriamos como lo hemos hecho siempre; la que nos dice que nos divirtamos cada
vez que nos marchamos por aquella puerta tan conocida; la que es feliz por
vernos tan unidos a todos. Nos podemos sentir orgullosos. No todo el mundo tiene el privilegio de contar con una familia
tan estupenda, tan unida y con lazos tan fuertes como lo tenemos nosotros.
Afortunados los que se reúnen desde siempre. Se puede decir que tenemos suerte,
lo he pensado siempre y lo sigo pensando ahora. Aquí dejas lo que has sembrado
porque gracias a ti somos hoy lo que somos, tanto hijos como nietos.
Aun así no puedo dejar sentimientos a un
lado, y hoy me decido a escribir porque ya sé que no estás, porque empiezo a
ser consciente de ello, porque sé que no te voy a volver a ver más por mucho
que intente cerrar los ojos…lo único que consigo es verte en mis sueños. Porque
miro a un lado y te echo de menos, porque paso por tu chalet de camino a la
playa y no te veo sentada leyendo el periódico, porque no te veo dormir en ese
sillón mientras decías que veías la novela, porque te quedaste con las ganas de
probar mis lentejas, porque ahora los sábados no serán sábados sin ese paseo a tu
casa y sin aquellas tapitas con los programas de música al fondo. Porque ahora
cuando decida dar una vuelta por el centro no podré decir “te veo luego en casa
de abuela”, un comodín que nunca fallaba… Son tantos momentos los
vividos…Quisiera cerrar los ojos y volver a aquella noche del año pasado,
aquella noche que decidí quedarme en el chalet contigo, con Teresa y con mi
hermana porque se había ido la luz y no volvía. Llovía. Nos lo tomamos a risa.
Pararía el tiempo en tantos momentos vividos contigo; en cualquier barbacoa
familiar donde sonreías por ver a los tuyos juntos, en tu casa hablando de
cualquier cosa, hablando con tita Josefa (vuestras batallitas…), ordenándonos
comer a todos y que no se nos ocurriera dejar nada y por supuesto, pecado era
no repetir (conozco a uno que le dio un subidón de azúcar una vez por uno de
tus fantásticos flanes), u ofrecernos una tapita y si obtenía una negativa como
respuesta solía decir “de desagradecidos está el mundo lleno”. Comernos un
helado y escuchar “¿qué es lo peor de los helados? Que se acaban”, frases
típicas que cada vez que comemos un helado con cualquier persona recordamos, es
inevitable. Aquellas mañanas que olían a aire puro, césped mojado o ambiente
familiar en aquel porche. Siempre lo decías, era un lujo desayunar allí, y más
con gente querida. Aquello te hacía feliz.
La
piedra angular se ha marchado. Has dejado un gran vacío en todos nosotros. Te
echamos de menos abuela. Siempre has estado tan presente en nuestras vidas…Te
debemos mucho, porque si la bondad tuviese que personificarse lo haría en ti.
No conozco a una persona más buena que tú, la que lo ha dado todo por su
familia, la que no guardaba rencor, era toda sabiduría, alegría y amor. Una
persona muy valiosa a la que nos cuesta
despedir porque aún no nos creemos que te hayas ido. Es difícil decir adiós a
alguien así.
Ya
dije una vez que no se trata de superar las cosas, ¿quién supera algo así? Es
imposible poner un punto y final a esta leve carta pues podría llevarme aquí
horas y horas escribiendo sobre TI, así que lo dejo en un punto y aparte,
porque sé que estés donde estés estarás viéndonos. Siempre te recordaremos. Yo me quedo con el último
día que te vi, en el hospital pero aún tenías humor y sonreías, me felicitaste
por mi santo, ¿cómo ibas a olvidarlo? Y nos despedimos con un “hasta luego”.
Persona fuerte donde las haya que ha luchado hasta el final. Todos nos sentimos
orgullosos de ti;